jueves, 24 de octubre de 2013
Pastillas para Soñar (Marta García Valdés)
Mientras suelto las pastillas en las hierbas altas hago caminar a mi muñeca a través del caminito de colores. Las encontré en la mesilla de noche de mamá; al principio pensé que eran caramelos y cogí un buen puñado para compartir con Jorge. A él parece que le han gustado más porque, tras el atracón, lleva horas durmiendo en su cunita como un ángel.
Temor a los Vecinos (Ana Tapia)
En un pueblo de la costa este un grupo de niños ve la mítica película de "Los Pájaros", en la que unas aves acechan a los seres humanos que, indefensos y aterrados, al final deben luchar por su vida.
Esta noche esos niños no podrán dormir, y al día siguiente llegarán tarde al colegio, al que irán de mala gana, con los malos sueños de la noche aún pegados en los párpados.
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En un pueblo de la costa este un grupo de pájaros ve la mítica película de "Los Humanos", en la que unos hombres acechan a las aves que, indefensas y aterradas, al final deben huir si quieren seguir vivas.
Esta noche los pájaros no podrán dormir, y al alba faltarán a su cita de piar y construir nidos. Aterrados, no verán cómo los niños se van, somnolientos, al colegio.
lunes, 21 de octubre de 2013
La Madre (Lydia Davis)
La chica escribió un cuento. "Sería mucho mejor si escribieras una novela", dijo su madre. La chica construyó una casa de muñecas. "Sería mucho mejor si fuera una casa de verdad", dijo la madre. La chica hizo un cojín para su padre. "¿No hubiera sido más útil un edredón?", dijo la madre. La chica excavó un pequeño hoyo en el jardín. "Sería mejor si excavaras uno grande", dijo la madre. La chica excavó un gran hoyo y, dentro, se echó a dormir. "Sería mucho mejor si te durmieras para siempre", dijo la madre.
La Voz del Espejo (Jorge Marcos)
El espejo es un artilugio antiguo
en el tiempo. Su composición es fácil. Consiste en una plancha de vidrio con
una fina lámina de aluminio o plata muy pulida y brillante. Aquí, en ésta lámina
de grosor casi imposible de medir, es dónde alberga la magia el espejo.
Los espejos pueden ser de mil
tipos. Redondos, cuadrados, alargados,… verticales, horizontales, en direcciones
imposibles,… con marcos de cualquier material que se te ocurra con colores que
casi ni sabías que existían. Pueden colocarse en cualquier lugar de tu casa. Colgado
en la pared del recibidor, puesto junto al armario del dormitorio como un
elemento más del mobiliario o acompañándote mientras te lavas los dientes.
Pero su magia radica en que nunca
mienten. Responden con la verdad, una verdad tangible. Si tocas el cristal es
como si te tocaras a ti mismo. Sientes en la yema de los dedos un calorcito
comparable a la temperatura corporal.
Por el contrario, todos los
espejos dicen lo mismo de una persona pero cada persona no ve lo mismo en un
espejo. Esa vocecita proveniente del espejo, casi inaudible pero que sabes lo
que quiere decir, realmente es siempre la misma pero las personas la escuchan
de maneras muy distintas, dependiendo si hablan de otros individuos o de ellos
mismos. Hay quien dice que depende del tipo de espejo.
Cuando te levantas y vas al baño,
el espejo que se encuentra sobre el lavabo, el que te ha visto crecer y es
testigo de tu cambio al cabo de los días, te responde con la verdad. El pelo
enmarañado como enredaderas que se entrelazan, los ojos con el cierre a medio
abrir como si un extraño ungüento pusiera difícil la tarea y los labios resecos
cual estropajos tienen una misma respuesta para todo el mundo: otro madrugón
más.
El espejo del baño es el primero
que nos ve cada día y, en casi todos los casos, varias veces durante el mismo. Sin
embargo, hay otros que siempre nos dan más miedo.
Por lo general, se encuentra
escondido tras la puerta de tu cuarto, en el interior de tu armario, en uno de
los lados de la mampara de la bañera o, a veces, es un centinela muy erguido y
de una altura incluso mayor que tú mismo que te vigila incesante desde una
esquina.
Son estos los que cuentan con una
magia negra, un aura oscura y perversa que nadie ve pero que está siempre ahí.
Una aureola del infierno que le otorga un poder muy distinto a otro tipo de
espejos. Y si no te resistes a ella, es posible que la realidad que ven tus
ojos sea radicalmente distinta a lo que ve tu cerebro.
Cuando sales de la bañera, corres
la mampara, palpas tu alrededor con los ojos prácticamente cerrados buscando la
toalla, que pareciera esquivarte, y cierras nuevamente la mampara; tu reflejo
desnudo, puro y especial, es la voz verdadera del espejo. No te miente pero
puede hacerte alucinar cual seta de dudosa procedencia si no se lo impides.
En mi caso, una estudiante de
media envidiable, nadadora casi profesional y, ¡qué demonios!, cocinera
inmejorable, fue precisamente este tipo de espejos el que me cambió la vida. Esa
aura oscura me rodeó como la niebla de primera hora una mañana de otoño. Me
calaba los huesos día a día sin que yo tan siquiera notara algo.
De pronto, me di cuenta que mirar
los apuntes era un suplicio para mí. Ningún biquini parecía ser de mi talla e
ir a la piscina se volvía una ardua tarea, que pronto ni me plantearía. La
cocina, ¡puf!, ahora no la pisaba ni para coger un vaso de agua. ¡Me parecía
una estancia repulsiva!
La voz de aquel espejo de la
mampara de la bañera parecía fundirse con la del lavabo. Pero es que luego
creía escuchar las misma palabras del que siempre me veía coger las llaves en
el recibidor. El alargado de por encima del sofá me miraba con inquina. El de
forma de diamante de mi dormitorio, que más era su función decorativa que la de
mostrar reflejos, era como si me odiara. Incluso, la pequeña polvera que
siempre tengo en mi bolso, pareciera que fuera a salir de un salto con la
energía que le otorgaba el vidrio y la plata.
¿Qué ocurría? ¿Por qué me odiaban
aquellos espejos? ¿Acaso no decían por ahí que este tipo de espejos siempre
decían la verdad, estaban cargados de magia blanca?
En aquel momento no tenía las
respuestas pero hoy me he dado cuenta que el aura negra del espejo de la bañera
me había usado como transporte particular para infectar los demás, los que eran
buenos y no te hacían dudar de lo que veías. Uno a uno, habían pasado a las
artes maléficas. El del lavabo, el del recibidor, el del salón, aquel decorativo
o el pequeñín de la polvera habían pasado a odiarme, o al menos eso creía yo.
Me di cuenta del plan del aura
negra demasiado tarde… Ahora sé que si hubiera eliminado de mi corazón esa oscuridad
del indefenso e inocente espejo vertical de la mampara con gotitas de la
condensación del agua caliente, hoy continuaría siendo una brillante
estudiante, nadaría feliz con mis amigos y cocinaría mil platos que compartir
con mi familia.
viernes, 18 de octubre de 2013
El relato del Limbo (Jorge Marcos)
El sol entraba en la habitación a
través de la persiana, que actuaba como filtro. Un joven de diecitantos
permanecía bajo las mantas haciéndose el remolón. Sacó una mano y agarró el
despertador.
Se incorporó. Todo estaba en
silencio. Tan solo escuchaba sus pensamientos.
- No está.
Levantó la persiana y la luz
natural lo iluminó todo. Tomó de entre los libros de texto una libreta
garabateada con cientos de líneas agrupadas por algún punto gordo al principio.
La dejó a su lado mostrando una de las páginas.
Se sentó frente a su portátil. Lo
encendió y abrió una hoja en blanco. Su cerebro iba a mil por hora. Los mundos
se le entrelazaban. Las realidades eran difusas.
Sus dedos permanecían impasibles
sobre las teclas. A, S, D, F. J, K, L, Ñ. En el instante que se abrió la veda
en su cabeza, escuchó el ruido de una cerradura. Se quedó unos segundos sin
hacer nada, agudizando el oído. No cabía duda, la puerta principal se acababa
de abrir y tras un portazo se cerró.
- ¡Ya estoy en casa!
El joven se apresuró a cerrar la
libreta, a olvidar esos mundos y a regresar a su realidad.
- ¿Qué estás haciendo?- le
preguntó una mujer de cuarenta y tantos que irrumpió en su habitación- Hijo, no
me digas que estabas otra vez con eso.
- No mamá. Estaba… preparando unos
apuntes… Sí. Unos apuntes.
- ¡Más vale que dejes de perder el
tiempo y te pongas a estudiar!- la mujer se dio media
vuelta, abandonando la habitación pero sin haber terminado de hablar- ¡Haz algo
útil para tu futuro!
El joven cerró la página en
blanco. El tiempo se había acabado. El relato, esperando su oportunidad, permanecería
en el limbo un día más.
Una apacible tarde de verano (Iván Teruel)
Piensen en un frenazo agudo, de esos que taladran la conciencia de cualquiera. Interioricen el sonido que produce un saco de piedras contra el suelo. Recuerden también cómo se encoge un gusano cuando siente una amenaza, pero sustitúyanlo por tres corazones. Ahora viene lo más duro: imaginen a tres madres que hablaban distraídas en el parque y que ahora corren, con un llanto espeso en la garganta, hacia la carretera que hay tras los setos. La imagen es terrible, sí. Principalmente, porque cuando lleguen al lugar del atropello, dos de ellas no podrán evitar sentir una dolorosa sensación de alivio.
¡Nace un rincón para la lectura!
Hoy comienza una historia nueva, la mía.
El objetivo de este blog es acercar relatos de escritores condecorados y reconocidos pero también de nuevas promesas.
Las temáticas serán infinitas, los mundos reconocibles pero a la vez desconocidos, las realidades se entrelazarán,... y todo ello para llegar a nuestra empatía y sentimientos en un momentito de relax que se consigue gracias a la lectura.
Habrá relatos que nos harán reír y otros que nos acercarán más al llanto. Otros nos harán replantearnos todos nuestros esquemas y otros simplemente nos recordarán a nosotros mismos.
Espero que lo que os guste y lo que no me lo escribáis en los comentarios. Vuestra opinión en los relatos de ilustres escritores y sobre todo en los que estamos empezando nuestra andadura como tal serán muy importantes.
¡La escritura es arte y el arte es leer! ¡Comenzamos!
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