El sol entraba en la habitación a
través de la persiana, que actuaba como filtro. Un joven de diecitantos
permanecía bajo las mantas haciéndose el remolón. Sacó una mano y agarró el
despertador.
Se incorporó. Todo estaba en
silencio. Tan solo escuchaba sus pensamientos.
- No está.
Levantó la persiana y la luz
natural lo iluminó todo. Tomó de entre los libros de texto una libreta
garabateada con cientos de líneas agrupadas por algún punto gordo al principio.
La dejó a su lado mostrando una de las páginas.
Se sentó frente a su portátil. Lo
encendió y abrió una hoja en blanco. Su cerebro iba a mil por hora. Los mundos
se le entrelazaban. Las realidades eran difusas.
Sus dedos permanecían impasibles
sobre las teclas. A, S, D, F. J, K, L, Ñ. En el instante que se abrió la veda
en su cabeza, escuchó el ruido de una cerradura. Se quedó unos segundos sin
hacer nada, agudizando el oído. No cabía duda, la puerta principal se acababa
de abrir y tras un portazo se cerró.
- ¡Ya estoy en casa!
El joven se apresuró a cerrar la
libreta, a olvidar esos mundos y a regresar a su realidad.
- ¿Qué estás haciendo?- le
preguntó una mujer de cuarenta y tantos que irrumpió en su habitación- Hijo, no
me digas que estabas otra vez con eso.
- No mamá. Estaba… preparando unos
apuntes… Sí. Unos apuntes.
- ¡Más vale que dejes de perder el
tiempo y te pongas a estudiar!- la mujer se dio media
vuelta, abandonando la habitación pero sin haber terminado de hablar- ¡Haz algo
útil para tu futuro!
El joven cerró la página en
blanco. El tiempo se había acabado. El relato, esperando su oportunidad, permanecería
en el limbo un día más.
Conozco la sensación. ^^) ¡Siempre me ha gustado como escribes! :*
ResponderEliminarGracias LadyShirka! Un besazo! ;)
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