viernes, 18 de octubre de 2013

El relato del Limbo (Jorge Marcos)

El sol entraba en la habitación a través de la persiana, que actuaba como filtro. Un joven de diecitantos permanecía bajo las mantas haciéndose el remolón. Sacó una mano y agarró el despertador.
Se incorporó. Todo estaba en silencio. Tan solo escuchaba sus pensamientos.
- No está.
Levantó la persiana y la luz natural lo iluminó todo. Tomó de entre los libros de texto una libreta garabateada con cientos de líneas agrupadas por algún punto gordo al principio. La dejó a su lado mostrando una de las páginas.
Se sentó frente a su portátil. Lo encendió y abrió una hoja en blanco. Su cerebro iba a mil por hora. Los mundos se le entrelazaban. Las realidades eran difusas.
Sus dedos permanecían impasibles sobre las teclas. A, S, D, F. J, K, L, Ñ. En el instante que se abrió la veda en su cabeza, escuchó el ruido de una cerradura. Se quedó unos segundos sin hacer nada, agudizando el oído. No cabía duda, la puerta principal se acababa de abrir y tras un portazo se cerró.
- ¡Ya estoy en casa!
El joven se apresuró a cerrar la libreta, a olvidar esos mundos y a regresar a su realidad.
- ¿Qué estás haciendo?- le preguntó una mujer de cuarenta y tantos que irrumpió en su habitación- Hijo, no me digas que estabas otra vez con eso.
- No mamá. Estaba… preparando unos apuntes… Sí. Unos apuntes.
- ¡Más vale que dejes de perder el tiempo y te pongas a estudiar!- la mujer se dio media vuelta, abandonando la habitación pero sin haber terminado de hablar- ¡Haz algo útil para tu futuro!

El joven cerró la página en blanco. El tiempo se había acabado. El relato, esperando su oportunidad, permanecería en el limbo un día más. 

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